“Me gustaría que la iglesia ayudara a la gente a morir y que no se limitara a administrar la unción de los enfermos”

En sintonía con la reciente publicación del último libro de Hans Küng, “Una muerte feliz” (Trotta Editorial), recordamos una entrevista que dio en 2013, después de publicar el tercer libro de sus memorias, “Humanidad vivida”.

Hans Küng es sacerdote católico y presidente de honor de la Fundación Ética Mundial. En 1979 el Papa Juan Pablo II le retiró la licencia eclesiástica por cuestionar la infalibilidad papal. Pero esto no le impidió seguir presionando durante estos años y recientemente ha vuelto a la carga, pidiendo la revisión de este dogma al Papa Francisco.

En esta entrevista hecha por la periodista Anne Will, Küng reivindica su derecho a una muerte asistida, llegado el día en que considere que su biografía haya terminado.

Como parte de su trabajo de investigación y divulgación, colabora con asociaciones como la suiza EXIT y la Asociación Alemana para la Muerte Humana (DHS), explicándoles la dimensión religiosa de una buena muerte. Uno de los mitos que se difunden sobre la eutanasia es que solo se asocian a este tipo de organizaciones las personas ateas, pero Küng insiste que también se puede morir por confianza en Dios.

“La vida es un regalo para mí. No la tengo por mí mismo. Como creyente, sé que la vida me la da Dios a través de mis padres, pero ese regalo significa también una responsabilidad (…). Todos somos responsables de nuestra vida. ¿Por qué debería rechazar esa responsabilidad en la última fase de mi vida?

“Me gustaría que la iglesia ayudara a la gente a morir y que no se limitara a administrar la unción de los enfermos, los últimos óleos, sino que cuando una persona quiere morir, se le ayude a morir bien”.

Der katholische Theologe und Religionsphilosoph Hans K¸ng (85) am 10.12.13 in seinem T¸binger Wohnhaus. Der ÷kumene-Experte ist einer der profiliertesten christlichen Theologen der Gegenwart. Der im Schweizer Kanton Luzern geborene K¸ng hat in den vergangenen Jahrzehnten religiˆse und kirchliche Themen in der ÷ffentlichkeit maflgeblich mitbestimmt.

Lo realmente valioso

Antonio AramayonaFinalizaba agosto y don Mariano acababa de estrenar su nombramiento como Caballero de la Real Orden Serenísima de la Alquitara. Visitó después Santiago de Compostela, antes de regresar a su Moncloa, cuando le dio un arrebato y sintió la necesidad de criticar a Tsipras y al Gobierno heleno, resueltos a llevar a cabo unas elecciones anticipadas. Y entonces Mariano Rajoy dijo a sus discípulos: Lo único serio al final en la vida es ser serio. En resumidas cuentas, una perla más en su elenco de tautologías y frases para la posteridad. Supongamos que don Mariano, el Serio, hubiese dicho: “Lo único divertido al final en la vida es ser divertido” o “lo único aburrido al final en la vida es ser aburrido”: tendría el mismo sentido o sinsentido que “un plato es un plato y un vaso es un vaso, es que lo dicen los tratados europeos y es muy importante que todos respetemos la ley porque, si no, no hay manera de funcionar”.

Aquella misma tarde, me enviaron un correo electrónico con frases atribuidas a Les Luthiers. Me llamó la atención sobre el resto una que dice “No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella”, lo cual no deja de tener razón y además está impregnada de humor, algo de lo que carece don Mariano.

Al final de la vida, hay nada, pues, de lo contrario, aún se estaría vivo. Nada de nada, de tal modo que no se puede ser ni serio ni divertido ni honrado ni libidinoso ni asceta ni nada de nada. Al final, en la (aún) vida, existe un último átomo de luz y lucidez, gracias al que sabemos con certeza que lo único que ha merecido la pena es cuánto y cuántos nos han querido, cuánto y a cuántos hemos querido. Durante esa millonésima de segundo pre-final, sería solo una fofa boutade ser serios, don Mariano, con la ventaja, eso sí, de que no tendremos la oportunidad de comprobar cuántos y quiénes se alegran o se duelen de vernos muertos.

Y esa mirada última nos permitirá contemplar también hasta qué punto, a pesar de todos los pesares, hemos intentado ser coherentes con lo que hemos querido y debido. Más aún, como estoy convencido de que la felicidad no es una meta, sino la consecuencia de lo que hemos hecho con y de la vida en el transcurso de nuestra existencia, en esa millonésima de segundo podré decirme con una sonrisa invisible que todo ha merecido la pena.

Y como tampoco he podido y querido prescindir nunca de todos mis compañeros y compañeras de camino para llegar a ser lo que quiero y lo que debo, me sentiré igualmente durante esa millonésima de segundo muy afortunado de haberles tenido y encontrado, de haber agradecido cada segundo de mi vida el regalo cotidiano de su compañía hacia los mismos horizontes, y de toda nuestra fuerza/debilidad compartida.

En esa millonésima de segundo sabré que me ha sido posible avanzar un poco cada día en el descubrimiento de los limites de lo posible, con la esperanza de poder traspasarlos, en dirección hacia lo supuestamente imposible, hacia lo óptimo, hacia la utopía. ¡Gracias a la vida, que me ha dado tanto!

No se trata de ensoñaciones ni de palabras y frases vacías, pues vivir es convivir, luchar por algo valioso con otros, compartir el sol, el agua, el pan y el aire, agradecer la palabra y el silencio, extasiarse con la caricia, residir en la mente y en el corazón ajeno, recitar poemas que alivian la fiebre, contar cuentos de final feliz, y sonreír en la fiesta, el placer y la alegría, también en el dolor, el espanto y la zozobra.

Antonio Aramayona es socio de DMD. Profesor de filosofía y ética, propagador de la desobediencia civil activa y diaria, escribe para distintos medios como El Huffington Post, eldiario.es Aragón, DMD y ATTAC. Ha publicado los libros “Con otra mirada” (1998), “Del amor y otras soledades” (2009), “¿dios?” (2010), “Sonrisas y lágrimas (con algún que otro bostezo) en la escuela” (2011).

http://www.antonioaramayona.com/ 

https://twitter.com/antaramayona

-Imagen de Vera Benavente-

Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad

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Hubiese preferido conocer a Arantxa y a Jóse antes. Jóse sabía de su enfermedad y del tiempo que le quedaba de vida. Era un tipo entrañable. Llevaba la calidez en su trato. Cuando hablamos por primera vez, compartimos anécdotas e historias comunes. Y nos reímos y disfrutamos de nuestra compañía. Sin embargo Jóse tenía un plazo marcado por su enfermedad irreversible. Y Jóse sabía cómo quería morir. Sabía que morir no es difícil, que lo difícil es construir la vida. Por eso él y Arantxa sabían que no iba a traicionar su biografía, y que se iría dando la cara con la elegancia e ironía que siempre mantuvo. El último día que compartimos Jóse, Arantxa y yo, después de la comida vimos las fotos de su viaje a Egipto y los dos recordaron con risas detalles de aquella estancia. Era domingo. Siempre nos dábamos la mano para despedirnos. Ese día nos abrazamos. El martes siguiente Jóse murió como él quería.

Conocí a Arantxa y a Jóse muy tarde. Ha sido un privilegio.

Luis Javier Rodríguez (Javier el Moreno).

La sutil alquimia de la vida

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José Eduardo tuvo la generosidad de colaborar con este documental mientras razonaba su salida de esta vida, cuyo objetivo es la felicidad y la plenitud.

José Eduardo se ha marchado recientemente y, desde Arderás, queremos despedirlo y enviar un cálido abrazo a su compañera Arantxa.

Es una pena que la naturaleza de este proyecto nos impida conocer y disfrutar más a fondo de la compañía de sus protagonistas pues, cuando sucede el encuentro, están cerrando el último de sus ciclos vitales, un proceso rico y complejo que no conviene entorpecer. Pero bastaron pocos días para ver que estábamos ante a una pareja que ha entendido las leyes que rigen el universo y se ha confiado a ellas con toda la vitalidad e intrepidez de la que es capaz el ser humano.

Fueron días alegres, de muchas risas, en los que nos dimos, entre todos, la tarea de extraer el significado de los actos de José Eduardo, de su manera de estar en el mundo y hacerse trascendente. Fueron horas placenteras, sensuales, a momentos sentidas pero siempre vitales. Fueron un regalo para nosotras y para Luis Javier Rodríguez, “Mr Reivaj”, socio de DMD Gijón, quien tuvo la gentil iniciativa de propiciar ese encuentro.

Cuenta Arantxa que José Eduardo tuvo el don de ponérselo fácil a su gente, al vivir el final de su vida con la serenidad y el sentido del humor que siempre lo caracterizaron. Que su actitud fue reconfortante para quienes le acompañaron y vivieron su pérdida. No nos cabe la menor duda.

“El que ha aprendido a morir ha desaprendido a servir. El saber morir nos hace verdaderamente libres”, escribe Montesquieu.

Un brindis por José Eduardo.

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Flores intrépidas

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En el tupido bosque, un hombre deja en el suelo una cesta con café que acaba de recolectar. De sus manos, sacude en el chaleco de lana la que ve más limpia. Con las yemas pegajosas rodea las rojas brácteas de una Psychotria Elata. El tacto le produce una mezcla de fascinación y repulsión que le sube por la columna en ondas de escalofrío. Para su sorpresa, no hay carnosidad ni espanto en esos labios, nada que le traiga recuerdos de perfumes.

Entonces el hombre sonríe para sus adentros. De esas brácteas están por salir flores blancas con punta de estrella. Los colibríes y las mariposas no tardarán en dejarse ver. El hombre suelta la planta, cuidándose de no estremecerla, se encarama la cesta al hombro y se marcha.

“Cuando desaparece un ser querido, su muerte nos revela su singularidad única”

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Con estas palabras de Simone de Beauvoir queremos despedir a Pilar, quien acaba de marcharse, dejándonos un exquisito testimonio de intrepidez y vitalidad.

Murió como era su deseo: en su casa, acompañada por los suyos. Vivió la enfermedad como una “circunstancia” más que, lejos de abatirla, afinó aquella forma de pelear que siempre tuvo para todo. Llena de inquietudes intelectuales y vitales, exprimió cada instante. Pero no por ello se olvidó del otro, de los otros. Sensible al tema de la libertad llevada al plano de la muerte, compartió su experiencia a través de los medios, junto a la DMD, estimulando el debate sobre la muerte voluntaria. Participó también en este documental, con una originalidad y una fuerza que esperamos compartir con vosotros el día del estreno.

Pilar tenía el don del juego, de sacarle brillo a las palabras, a los símbolos y a la memoria: la suya y la ajena. Como aquella que narra las aventuras de Luis Candelas, bandolero y donjuan del siglo XIX que, para huir de la guardia, se escurría en la corrala donde ella vivía y, desde allí, se perdía por los tejados de Madrid.

Desde estas tierras celebramos la singularidad única de Pilar y le damos nuestro más cálido adiós.

“Danzad, danzad o estaréis perdidos”.

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Considerada por muchos la mejor coreógrafa del siglo XX, se la conoce como la mujer que bailaba lo que tenía dentro del alma.

PINA BAUSCH hizo de la danza su forma de vida. Mujer de pocas palabras, de ella es la frase “Danzad, danzad o estaréis perdidos”. ¿La recibiría de Nietzsche, para quien el hombre debe pensar como se baila? Con libertad, alegría y dejando atrás el lastre de los valores establecidos. Así invitó el filósofo a pensar y así concibió la artista sus obras:

“Olvidamos de dónde vienen los movimientos. Vienen de la vida. Cuando creas un nuevo trabajo, el punto de partida debe ser la vida, no las formas existentes de la danza”.

Con esta escena central de la obra “Nowhere”, el coreógrafo Dimitris Papaioannou le rinde un homenaje. A la memoria a Pina Bausch.

“Cuando te fundes con alguien debe ser como morir, entrega total y absoluta”

ANA EXTRACTO 5 AUDIOCORR H264fotoEn el viaje de ida hablamos de casi todo. De amores, de adioses y reencuentros, de los vientos y las migraciones, de cómo se vive en un safari, al cuidado de cebras y cebúes… Pero a la vuelta fue diferente. Teníamos muchas horas de entrevista guardadas en tarjetas, la información quieta, cuidadosamente aislada de la arena y el salitre. Y también en nuestra memoria. Hubo silencio en el camino de vuelta. Las palabras también se digieren en el cuerpo pero ¿dónde? ¿obedeciendo a qué? ¿y por qué se siente uno como en un limbo o una nube hasta que no encuentran el lugar del que salieron hace años o, tal vez, siglos?

Seguimos rodando gracias a vosotros, que nos estáis apoyando ¡Gracias!

 

S-21: la máquina de matar de los jemeres rojos

Estamos rodando, pero no por ello dejamos de ver documentales. Esta semana hemos vuelto a ver “S-21: La máquina roja de matar”. Se han hecho muchos y muy buenos documentales, pero algunos son, además de buenos, esenciales. Es el caso, a nuestro parecer, de esta película del director camboyano Rithy Panh.

Para rodarla, el director reúne, en el antiguo centro de torturas S-21, a dos supervivientes con antiguos guardias que trabajaron allí durante la dictadura de Pol Pot y su partido, los jemeres rojos. En esos años (1975 a 1979) murieron en Camboya casi dos millones de personas, un tercio de la población. Las ciudades se quedaron vacías. Rithy Pahn mismo fue internado en un “campo de rehabilitación” a los once anos. Huyó durante la invasión vietnamita, primero a Tailandia y luego a Francia.

Sin imágenes de archivo y a través del relato de quienes “estuvieron allí”, Rithy Panh consigue reconstruir los hechos con una gran riqueza dramática. Al igual que otros autores, como Claude Lanzmann (“Shoa”), sabe utilizar el hallazgo narrativo de servirse del testimonio, la memoria, para construir el relato.

No dejéis de ver éste y otros documentales de Rithy Panh.

 

Las esculturas de vegetación que dan vida en el cementerio de Tulcán

Cementerio

José María  Azael Franco Guerrero es el creador de estas esculturas del cementerio que lleva su nombre en Tulcán, Ecuador. Se trata de réplicas vegetales de figuras precolombinas, agustinas y árabes, realizadas sobre los cipreses que habitan el cementerio. 

Franco Guerrero murió a los 85 años, pero su hijo Benigno continúa con su labor. Encaramado en una escalera, con tijeras en mano, Benigno Franco poda los muros del camposanto, y cuida con mimo la obra de su padre, pendiente de que las esculturas mantengan su forma original. En 1984 se lo nombró Patrimonio Cultural del Estado y sitio natural de interés turístico.